miércoles, 9 de diciembre de 2015

9 de diciembre. Vamos a volver.


Hoy estuve exactamente donde quería estar.

Luego de aquella gran desilusión, esa que comenzó a apoderarse de mí ni bien me mandaron a casa –que no estaba tan en orden- después de cuatro noches de vigilia en los que hubiera –hubiéramos- dado la vida por ese hombre del que nos habíamos enamorado tanto que todo le perdonamos -porque sólo cuando se ama se perdona-, luego de esos años decía, he vivido estos doce y muy especialmente los últimos cinco con la misma intensidad política de siempre. La diferencia es que fui correspondido. Tuve el gobierno que quería.   

Hoy también lloré. No era el llanto de impotencia del día de los indultos, en la misma plaza, en los brazos de alguien que me quería tanto que también lloraba, aunque quizás fuera a causa de las ampollas en sus pies. Hoy era el llanto emocionado por estar solo y sentirme tan acompañado.

Por haber sido participe de una experiencia colectiva que, convengamos, nadie esperaba tener en el 2003. La de un país distinto, vibrante, fuera de la normalidad nórdica, un país que miraba hacia adentro y hacia abajo. Que nos sacó de la apatía. Incluso a los que estaban en contra. Un país libre como unidad y libre para todos los individuos. Tanta libertad ha habido que quienes no estaban de acuerdo tendrán  partir de hoy la posibilidad de cambiarlo.

Hoy sentí, más que nunca, que no estoy equivocado.

Que estoy en la vereda correcta. 

Que quizás el calor del sol no bañe por un tiempo esa vereda, pero el sol siempre está. Y sólo la pacífica construcción de una nueva mayoría podrá remover las nubes.

A todos los que han recorrido estos años en la coincidencia parcial o total con las políticas de gobierno, gracias. Una alegría enorme tenerlos como compañeros. A los que no, gracias también. De la diferencia se aprende y fundamentalmente su aporte ayuda a delimitar el área de pertenencia a la hora de elegir quien mejor nos representa para encarar la faz agonal de la política.


¿Volveremos? "El lugar natural de un militante no tiene que ser el gobierno, tiene que ser junto al pueblo". Entendí: quizás no tengamos que volver. Porque no nos hemos ido.

 

Hasta la victoria, siempre.



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