sábado, 4 de mayo de 2013

La Nación


“Toda la prensa de Buenos Aires -la gran prensa- está hoy contra el pueblo. Esta prensa, poderosa, "democrática" y ruin, tiene por objeto enviciar la verdad, despistar a la opinión pública, denigrar a las masas. Lo mismo aconteció en el pasado. Es un deber, no mero sentimiento de justicia, denunciar inexorablemente a los enemigos del país.…La historia de Mitre tiene tiene su tribuna perpetua en un diario de Buenos Aires: La Nación, dirigido por sus herederos vitalicios. Este diario es el portavoz de los intereses y la mentalidad política de la clase ganadera argentina y sus foráneos. El lenguaje del gran rotativo es magistral, esmerilado, monjeril, ultrapúdico. Es el gorro frigio colonial de la civilización de Occidente, el altar de la cultura europea, el ideal democrático , tal cual lo entiende la monarquía, en toda su virginidad rota …Nada conmueve su augusto, su impávido y aristocrático lenguaje. Un lenguaje artificioso con metáforas vacías que el elector medio toma por cultura borgiana. Sólo un hecho lo saca de este estilo. La presencia del pueblo en la vida del país. Y no sólo del pueblo de hoy, sino del pueblo de ayer. Entonces, La Nación pierde la cabeza. Un estremecimiento de horror sagrado recorre las páginas del elefante culto. Y cada vez que un hecho, por nimio que sea, le recuerda las gestas de las montoneras provincianas, le sale al paso con un clamoreo indignado. No se equivoca. Pues si Mitre –la oligarquía porteña-, fundador del diario, no está muerto en espíritu, tampoco están muertos los que en vida se opusieron al predominio de Buenos Aires sobre el reto del país…”
JUAN JOSE HERNANDEZ ARREGUI, Nacionalismo y Liberación, 1973.







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