miércoles, 20 de mayo de 2020

Estado de Supervivencia

 

Blackrock esta pidiendo la escupidera. Avizora una tormenta en el horizonte próximo. Los gobiernos centrales comienzan a mirar a su alrededor, y ya no ven países con dinero. 


Ya no están las cuentas de las empresas petroleras libias, iraquiés o sirias. Ya no pueden seguir prestando usurariamente a los países de Sudamérica. Han perdido interés en el Medio Oriente, región con economías cuyo único commoditie tiene un valor cercano a cero.  


Tampoco cuentan ya con los fondos externos de Venezuela: los han dilapidado en una aventura destituyente que ha dado muestras de una ineficacia y falta de profesionalismo que no se veía desde los tiempos de Playa Girón. 


Entonces, Alemania, Estados Unidos, Francia, sólo ven la posibilidad de remonetizar sus economías apropiándose ya no de fondos estatales, sino de otros Fondos: Blackrock, Templeton, Pimco, Fidelity. Y de los stocks de liquidez de muchas empresas tecnológicas y de servicios públicos. 


En los países centrales, muerto hace largos años el Estado de Bienestar, herido gravemente el Estado liberal por un cisne negro que no distingue sistemas económicos, el capitalismo de Estado está a días de devorarse al capitalismo corporativo, dando paso al Estado de supervivencia. Con las economías centrales ferozmente endeudadas se avecina una enorme reestructuración global de deuda soberana. 


Blackrock lo sabe. Para cuando llegue el tiempo del recupero, quieren una cartera revalorizada, no una en default. Es ahora, Alberto.


miércoles, 24 de abril de 2019

Un iceberg de papel.

Un libro. Que nadie leyó todavía. Un libro y tembló todo. Dos mil cuatrocientas tapas de Clarín no pudieron con Ella y a este Pibe -y a los suyos, reyes del marketing- les movió el piso la promoción de un libro nonato. 


Los mismos que lograron desestabilizar a Don Raúl con el simple expediente de desenchufarle la heladera a Mazzorín, hoy corren asustados a dolarizar sus carteras de inversiones. Porque a Ella se le ha ocurrido publicar un libro. Hasta la UCR (hUyamos Con Rapidez) se le caga de risa a sus socios mayoritarios.

Mientras tanto, después de haber cruzado el mar hablando pestes de la tripulación anterior, floreándose en cubierta, prometiendo futuras calmas en presentes tempestades y con una impiadosa indiferencia por el bienestar de los pasajeros de la tercera clase, Cambiemos apunta a terminar su travesía experimental preguntándose como fue que el iceberg no hizo todo lo posible para esquivarlos.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

9 de diciembre. Vamos a volver.


Hoy estuve exactamente donde quería estar.

Luego de aquella gran desilusión, esa que comenzó a apoderarse de mí ni bien me mandaron a casa –que no estaba tan en orden- después de cuatro noches de vigilia en los que hubiera –hubiéramos- dado la vida por ese hombre del que nos habíamos enamorado tanto que todo le perdonamos -porque sólo cuando se ama se perdona-, luego de esos años decía, he vivido estos doce y muy especialmente los últimos cinco con la misma intensidad política de siempre. La diferencia es que fui correspondido. Tuve el gobierno que quería.   

Hoy también lloré. No era el llanto de impotencia del día de los indultos, en la misma plaza, en los brazos de alguien que me quería tanto que también lloraba, aunque quizás fuera a causa de las ampollas en sus pies. Hoy era el llanto emocionado por estar solo y sentirme tan acompañado.

Por haber sido participe de una experiencia colectiva que, convengamos, nadie esperaba tener en el 2003. La de un país distinto, vibrante, fuera de la normalidad nórdica, un país que miraba hacia adentro y hacia abajo. Que nos sacó de la apatía. Incluso a los que estaban en contra. Un país libre como unidad y libre para todos los individuos. Tanta libertad ha habido que quienes no estaban de acuerdo tendrán  partir de hoy la posibilidad de cambiarlo.

Hoy sentí, más que nunca, que no estoy equivocado.

Que estoy en la vereda correcta. 

Que quizás el calor del sol no bañe por un tiempo esa vereda, pero el sol siempre está. Y sólo la pacífica construcción de una nueva mayoría podrá remover las nubes.

A todos los que han recorrido estos años en la coincidencia parcial o total con las políticas de gobierno, gracias. Una alegría enorme tenerlos como compañeros. A los que no, gracias también. De la diferencia se aprende y fundamentalmente su aporte ayuda a delimitar el área de pertenencia a la hora de elegir quien mejor nos representa para encarar la faz agonal de la política.


¿Volveremos? "El lugar natural de un militante no tiene que ser el gobierno, tiene que ser junto al pueblo". Entendí: quizás no tengamos que volver. Porque no nos hemos ido.

 

Hasta la victoria, siempre.



sábado, 18 de octubre de 2014

Vivir y morir con la nuestra.

Es el tiempo de recostarse sobre los propios. El tiempo de sostener las ideas. Ya no sirve sumar. Sólo sirve que se sumen. Si ganamos, ganamos con la nuestra. Si perdemos, prefiero perder al lado de Moreno, Delía, La Cámpora, Aníbal, Kicillof, el Movimiento Evita, Unidos y Organizados, Nuevo Encuentro, Milagro Sala, Hebe. Sin Sciolis, ni Insaurraldes. Sin Randazzos, siquiera. Sin nada que se asemeje a lo que no queremos. Con Dilma, Maduro, Evo, Correa, el FSLN y el Frente Amplio. Sin Papas cosméticos que nunca podrán -aunque amaguen intentarlo- cambiar la milenaria adhesión de la Multinacional de la Fé a los poderes económicos.

sábado, 4 de mayo de 2013

Aves

“…¡Si, señores! Ambas aves cuentan numerosas victorias, ambas son los emblemas de la gloria; pero hay una diferencia: cuántas veces el águila imperial remontándose a las alturas ha tendido la vista sobre el hemisferio, ha sido sólo para divisar hacia dónde hay un pueblo débil que desgarrar. Al contrario, cuántas veces el cóndor republicano desde las cumbres de los Andes, ha extendido su mirada sobre el continente, sólo ha servido para ver dónde hay un pueblo reprimido que libertar. El águila es el representante del pasado, y el cóndor lo es del presente y el porvenir; aquel anuncia conquistas, y éste libertad. El águila representa la usurpación y el cóndor el derecho…”


FELIPE VARELA