Blackrock esta pidiendo la escupidera. Avizora una tormenta en el horizonte próximo. Los gobiernos centrales comienzan a mirar a su alrededor, y ya no ven países con dinero.
Ya no están las cuentas de las empresas petroleras libias, iraquiés o sirias. Ya no pueden seguir prestando usurariamente a los países de Sudamérica. Han perdido interés en el Medio Oriente, región con economías cuyo único commoditie tiene un valor cercano a cero.
Tampoco cuentan ya con los fondos externos de Venezuela: los han dilapidado en una aventura destituyente que ha dado muestras de una ineficacia y falta de profesionalismo que no se veía desde los tiempos de Playa Girón.
Entonces, Alemania, Estados Unidos, Francia, sólo ven la posibilidad de remonetizar sus economías apropiándose ya no de fondos estatales, sino de otros Fondos: Blackrock, Templeton, Pimco, Fidelity. Y de los stocks de liquidez de muchas empresas tecnológicas y de servicios públicos.
En los países centrales, muerto hace largos años el Estado de Bienestar, herido gravemente el Estado liberal por un cisne negro que no distingue sistemas económicos, el capitalismo de Estado está a días de devorarse al capitalismo corporativo, dando paso al Estado de supervivencia. Con las economías centrales ferozmente endeudadas se avecina una enorme reestructuración global de deuda soberana.
Blackrock lo sabe. Para
cuando llegue el tiempo del recupero, quieren una cartera revalorizada, no una
en default. Es ahora, Alberto.




